

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 18 de Septiembre, comenzamos nuestras publicaciones dedicadas a la sensación de belleza en los niños con el artículo titulado: “¿Qué es la belleza para los niños?”, y a fin de partir de los conceptos necesarios para jugar y conversar con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos, responderemos primero a tres preguntas clave: ¿qué es la belleza?, ¿cómo percibimos nuestra belleza? y ¿cuáles son las manifestaciones de nuestra belleza?.
Ahora entonces, respondiendo a la primera pregunta —¿qué es la belleza?—, podemos explicar que la belleza es la percepción y aceptación positiva que tenemos de nuestro propio cuerpo, rasgos, emociones y comportamientos descubiertos a lo largo de nuestra vida, y que nos permite desempeñarnos con valentía, felicidad y agrado ante nuestro entorno, a fin de transformar nuestra realidad, producir utilidad y resolver problemas de una manera activa y efectiva, teniendo presente que nuestra principal motivación es imaginar y crear con amor, confiando en nosotros mismos y en quienes nos rodean.
Sobre la segunda pregunta — ¿cómo percibimos nuestra belleza?—, entendemos que la percepción de nuestra belleza es una construcción personal compleja en la que intervienen el cerebro, las emociones y el entorno, y que procesamos a través de tres filtros principales: el filtro psicológico, que comprende el estado emocional y la autoestima, e influye en cómo nos sentimos al mirarnos; el filtro neurológico, que abarca la corteza visual, el sistema límbico y el esquema corporal, incidiendo en cómo nos reconocemos ante el espejo; y el filtro social, que integra el impacto del entorno y la cultura, modelando la forma en que nos proyectamos en nuestra relación con otros.
Finalmente, respondiendo a la tercera pregunta —¿cuáles son las manifestaciones de nuestra belleza?—, podemos afirmar que las manifestaciones de nuestra belleza se dividen principalmente en dos dimensiones, por un lado, las manifestaciones internas o esencia, donde identificamos: la autenticidad o la capacidad de mostrarnos tal como somos; la empatía, orientada a mostrar compasión hacia otros; el positivismo, que transmite la alegría de vivir; y la serenidad, que proyecta equilibrio emocional; y por otro lado, las manifestaciones externas o expresión, entre las cuales destacan: el bienestar, reflejado en el mantenimiento de hábitos saludables; el aseo, enfocado en el cuidado del cuerpo; el estilo propio, como habilidad para construir una imagen personal; y el lenguaje corporal, clave para lograr una presencia atractiva y segura.
De este modo, para jugar y conversar con nuestros niños sobre la belleza, lo ideal es que, al jugar, usemos experiencias dinámicas, como realizar un autoconcepto significativo —integrando lo psicológico, lo neurológico y lo social—, favorecer una autoimagen saludable frente a los desafíos del entorno, y promover una misión autónoma que nace al conectar su mundo interior con el exterior; y por otro lado, al conversar, es mejor partir de lo sensorial con preguntas como: "¿Qué sientes al pronunciar tu nombre ante el espejo?", "¿Qué recuerdas de ti al mirar tu reflejo?" o "¿Cómo late tu corazón mientras descubres lo que amas hacer?"; pues la clave es que el niño descubra que la belleza es un valor propio que lo impulsa actuar, abrazar el cambio y seguir sus sueños de una manera activa y efectiva.
En ese sentido, y como camino hacia nuestro próximo artículo, “¿Cómo ayudar a los niños a reconocer la belleza que sienten?”, podemos decir que para los niños la belleza es algo que se reconoce y se cuida, y lo comprenden principalmente de tres formas:
Como un “Autoconcepto”: al estar parados ante el espejo, corazón, mente y cuerpo se sienten como un todo significativo; entienden la belleza como esa revelación interior que les invita a experimentar posibilidades y proyectar aquello que aman.
Como una “Autoimagen”: reconocen que la belleza es aquello que hace posible afrontar los desafíos personales y colectivos; es la construcción personal que los recubre de verdad para apreciar logros y valorar con felicidad el fruto de sus esfuerzos.
Como una “Misión”: asocian la belleza con contemplación y admiración por lo naturalmente propio, experimentando la sana sorpresa y el asombro; ven la belleza como el poder del ser orientado a lo significativo de la vida y regalar bienestar a su propio corazón.
En resumen, los niños entienden la belleza como “lo que hace que todo sea realizable” y saben que, gracias a la belleza, pueden combinar recuerdos, deseos, escenarios, soluciones, mundos, personajes, entre otros, de una manera mágica y significativa.
Y así, paso a paso, al observar, jugar y conversar, acompañamos a nuestros niños a descubrir que la belleza es la intuición primera para realizar lo que sueñan antes de que exista materialmente, porque cuando un niño abraza su belleza, también comienza a creer en sí mismo, a convertirse en realizador con confianza y a habitar el mundo con una actitud amorosa, activa y efectiva.
Con cariño,
Lili Marlene
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