

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 04 de Septiembre, después de haber aprendido que para ayudar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a reconocer su imaginación, la clave es validar sus reflexiones a través del juego y la conversación, tomando en cuenta tres enfoques según su edad (la sensación física, la simbolización y la intensidad y el espacio), damos un paso más en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en la imaginación que sienten?”.
En ese sentido, partimos de dos bases, por un lado, cómo nuestros niños comprenden la imaginación: como “ejercicio” o entrenamiento interior, como “movimiento” o acción natural, o como “obra” o poder de actuar; y por otro lado, cómo nosotros, los adultos, podemos acompañar sensorialmente a los niños, usando “la sensación física” (3 años) con reflexiones asociadas a la exploración de sus posibilidades o la proyección de aquello que aman, “la simbolización” (4 años) con reflexiones asociadas a los elementos de la naturaleza, y “la intensidad y el espacio” (5 años) con reflexiones asociadas a los niveles de la imaginación.
De este modo, al acompañar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a descubrir su imaginación, lo fundamental es ayudar a cada niño a lograr esa estabilidad interior que conecte con el amor que habita dentro de sí mismo, para que pueda actuar y esperar con paciencia, de modo que logre comprender que la imaginación, tanto interior como exterior, se descubre y se educa día a día, y que es una sensación que todos nosotros, adultos y niños, podemos reconocer, explorar y fortalecer en beneficio propio y de los demás.
Ahora bien, para ayudar a los niños en la formación de sus ideas, conceptos o soluciones originales, y que desde el juego y la conversación cada niño proyecte su mundo interior hacia el mundo exterior de una manera productiva y significativa, proponemos cuatro pasos:
El “Ejercicio”: cuyo objetivo es medir la imaginación, preguntando a los niños: “Si tu imaginación fuera un ejercicio, ¿transmites todo lo que habita en tu interior, o prefieres guardar todo en tu mente?.
El “Movimiento”: cuyo objetivo es ubicar la imaginación, preguntando a los niños: “¿En qué parte de tu cuerpo sientes esa actividad interior?”.
La “Obra”: cuyo objetivo es explorar la imaginación, preguntando a los niños: “¿Cómo se siente la obra en tu pecho hoy: brilla con la serenidad de la luna o brilla con la intensidad de las estrellas del cielo?”.
El “Mensaje”: cuyo objetivo es regular la imaginación, y para lograrlo les pedimos que tomen aire suavemente por la nariz para expresarse con letras y música, y que lo suelten muy lentamente por la boca haciendo “Aaaaaaaaa”, como si extendieran su ejercicio y cubrieran el ambiente con la ilusión y la magia de sus coloridas formas de muchos tamaños.
Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo, nieto, sobrino o alumno está frustrado porque no le sale un dibujo y lanza el lápiz al suelo. En lugar de corregirlo en ese momento, decidimos acompañarlo a explorar su mente aplicando los cuatro pasos:
Primero, con “El Ejercicio”, le preguntamos para medir su estado: “Si tu imaginación fuera un ejercicio ahora mismo, ¿compartes todo lo que guardas dentro, o prefieres quedarte en silencio?, y el niño puede responder: “¡Siento que quiero quedarme calladito!”. Luego, con “El Movimiento”, lo invitamos a ubicar la imaginación en su cuerpo: “¿En qué parte de ti sientes esa actividad interior: en tu pecho, en tu estómago o en tu cabeza?”, ayudándolo a reconocer dónde reside su punto de creación.
Después, con “La Obra”, lo ayudamos a explorar su interior: “¿Cómo se siente la obra en tu pecho hoy: ¿brilla serenamente o su luz ilumina intensamente? y el niño puede expresar la serenidad y el silencio que siente en ese momento. Finalmente, le proponemos “El Mensaje” para regular la imaginación: “Vamos a canalizar tu creación; toma aire suavemente por la nariz para expresarte con letras y música y luego suéltalo muy despacio por la boca haciendo 'Aaaaaaaaa’ para que ese mensaje impulse tu ejercicio, active tu mente y envuelva de movimento a tu cuerpo”.
Y, para cerrar la experiencia y ayudar al niño a reconocer la materialización de sus colores y formas y la creación, le preguntamos: “¿Cómo es el brillo y la luz de tu ambiente ahora?”.
En resumen, estos cuatro pasos —medir, ubicar, explorar y regular— invitan a los niños a activar su cuerpo con un propósito y, de esta manera, cada niño aprende a proyectar sus ideas, conceptos o soluciones, a desarrollar sus posibilidades y a materializar su potencial paso a paso.
Y es así como este ejercicio de autoconocimiento corporal de cuatro pasos —ejercicio, movimiento, obra y mensaje — se transforma en una experiencia de autoexpresión sensorial que conecta a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos con sus lenguajes no verbal y verbal, y a nosotros, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conduce hacia el siguiente paso con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a hablar de la imaginación que sienten?”.
Con cariño,
Lili Marlene
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