

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 28 de Agosto, después de haber aprendido que lo más importante al jugar y conversar sobre la imaginación con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos es usar experiencias simples y partir de lo sensorial, damos un nuevo paso en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a reconocer la imaginación que sienten?”.
Entonces, partimos de dos ideas clave, la primera es que, en la experiencia de reconocer su propia imaginación, nosotros —papás, abuelos, tíos y maestros— debemos enseñar a cada niño a identificar sensaciones físicas de amor, gratitud y satisfacción tratando su imaginación como un “ejercicio” saludable, un “movimiento” integral o una “obra” significativa; y la segunda es que ayudar a los niños a reconocer su propia imaginación es fomentar un “Juego Trabajo”, para realizar sus ideas y propuestas personales y colectivas, y con el acompañamiento sensorial de nosotros los adultos sentirse creativos y productivos en lo que aman y desean hacer.
De este modo, en la búsqueda de favorecer estados de equilibrio emocional y seguridad mental en los niños, expresados en sus cuerpos relajados y en sus mentes enfocadas, y recordando que nuestro propósito es preparar a los niños para la vida, lo más significativo que podemos dar a nuestros niños es ofrecer medios y recursos de expresión y comunicación, pues cuando decimos a un niño: “Percibo que tienes muchas imágenes en tu mente”, estamos enseñando que aquello que está experimentando tiene un nombre y es positivo.
Del mismo modo, es fundamental recordar que el acompañamiento sensorial a los niños para que reconozcan la imaginación que sienten hace posible que alcancemos logros significativos, entre los cuales podemos mencionar los siguientes:
A nivel emocional, aprenden a identificar sus emociones y desarrollan la capacidad de utilizar experiencias, como el “Juego Trabajo”, para proyectar su mundo interno por sí mismos.
A nivel afectivo, aprenden a validar sus estados emocionales y desarrollan una base de seguridad y confianza con los adultos.
Y, a nivel social, aprenden a aportar a su entorno familiar y escolar de una manera efectiva y desarrollan la empatía hacia los otros.
Ahora bien, en respuesta a la pregunta ¿cómo ayudar a un niño a reconocer la imaginación que siente?, podemos decir que, al jugar y conversar con un niño sobre su imaginación, es oportuno tener en cuenta tres enfoques según su edad:
Enfoque de la sensación física: a los 3 años, los niños viven en su cuerpo, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas directas sobre sus ritmos biológicos: la producción de sus ideas o la realización de sus planes, como por ejemplo: “¿Sientes que tu cuerpo quiere ejercitarse para transmitir todo lo que habita en tu interior o prefiere guardarse todo en su mente?”
Enfoque de la simbolización: a los 4 años, con el despertar de la imaginación, los niños pueden representar lo que sienten mediante elementos de la naturaleza o texturas; la imaginación se vuelve una imagen que pueden describir, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas, como por ejemplo: “Si tu imaginación fuera un movimiento integral por un ejercicio saludable... ¿participarían todas las partes gruesas y finas de tu cuerpo o solo pondrías en movimiento tus manos y dedos?”
Enfoque de la intensidad y el espacio: a los 5 años, los niños comienzan a comprender que la imaginación tiene niveles y que ocupa un lugar en su interior, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas, como por ejemplo: “Si tu imaginación fuera una obra significativa dentro de tu pecho... ¿está brillando con la serenidad de la luna o está brillando con la intensidad las estrellas del cielo?”
En resumen, la forma en que un niño reconoce la imaginación que siente depende de cuánto nosotros, los adultos, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conocemos y comprendemos su personalidad, sus necesidades y deseos, y su desarrollo cognitivo.
Y, como puente hacia nuestro próximo artículo: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en la imaginación que sienten?” podemos adelantar que poner nombre a las sensaciones de nuestros niños con preguntas como “¿Sientes un bloqueo?” o “¿Es una obra reveladora?” facilita su pensamiento, su reflexión y su comunicación emocional.
Con cariño,
Lili Marlene
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