

¡Hola!…¡Buenos Días!…¿Qué tal?. Hoy, viernes 14 de Agosto, después de haber compartido el ejercicio de los cuatro pasos —la página, el pincel, la imagen y el paisaje — para ayudar a los niños a lograr esa estabilidad interior que conecte con el amor que habita dentro de sí mismos y que, desde el juego y la conversación, pasen de la propuesta a la solución con una actitud productiva, nos aproximamos a los juegos sensoriales con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a hablar de la creatividad que sienten?”.
De este modo, en el camino de aprendizaje acerca de los niños y la sensación de creatividad —en el que hemos transitado desde qué es la creatividad para los niños, a cómo ayudar a los niños a reconocer la creatividad que sienten y a cómo ayudar a los niños a pensar en la creatividad que sienten—, en este momento, a propósito de nuestro tema de hoy, cómo ayudar a los niños a hablar de la creatividad que sienten, nos enfocamos en los juegos sensoriales.
Los juegos sensoriales, como actividades personales y colectivas orientadas a la exploración con los sentidos —la vista, el tacto, el olfato, el gusto y el oído—, actúan como conectores hacia la creatividad y la estabilidad emocional, al favorecer la transformación de sensaciones físicas inmediatas, como el calor y la luz del sol, en experiencias de producción que, una vez registradas, permiten a los niños reconocer sensaciones orgánicas complejas, desde la reacción de su cuerpo a las necesidades del entorno hasta la respuesta de su mente ante los recursos y los medios de la vida, logrando canalizar la energía interna y la energía externa en beneficio personal y colectivo y en favor de la realización de obras asociadas con sus sueños, deseos y proyectos.
En este proceso de tomar conciencia del vínculo entre su estado de ánimo y su entorno, los niños comienzan a desarrollar formas fundamentales de autorregulación que les permiten desarrollar ideas, conceptos o soluciones de manera adaptada a los estímulos externos, entendiendo que la creatividad es una sensación a la que siempre pueden recurrir; y de ese modo, al reconocer cómo la claridad suave despierta su mente y cómo el calor sutil moviliza su voluntad, los niños desarrollan la capacidad de buscar por sí mismos los estímulos reconfortantes que necesitan para sostener la creatividad y accionar con actitud positiva ante las posibilidades de la vida, transformando los momentos de pausa y silencio en oportunidades para desarrollar ideas, conceptos y soluciones con bien y bienestar.
Como responsables del aprendizaje emocional de nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos, nosotros, los adultos, nos convertimos en los guías fundamentales que aportamos nuestra propia creatividad para que cada niño aprenda a leerse por dentro y a hablar de la creatividad que siente; y al proponer juegos sensoriales que integran la acción y los sentidos, como reflexionar sobre sus recetas de corazón y movilizarse con el pincel de su propia inspiración coloreando con decisión mientras produce y comparte a modo de un mágico paisaje, ayudamos a cada niño a organizar su mundo interno, a verbalizar sus experiencias y a desarrollar el vocabulario necesario para nombrar su creatividad antes de que cualquier pausa y silencio bloquee su ánimo de realizar aquello que aman y desean.
Es así que, para cerrar el ciclo de artículos dedicados a los niños y la sensación de creatividad, y a la vez abrir el ciclo de los niños y la sensación de imaginación con el próximo artículo titulado: “¿Qué es la imaginación para los niños?”, compartimos, como material para ayudar a los niños a hablar de la creatividad que sienten, el juego sensorial: “Recetas de corazón”.
Materiales: canasta de paja para recoger o comprar fresas; vasija grande y vasija pequeña para escoger y desechar fresas; recipiente de acero inoxidable y agua fresca para lavar; cucharón de madera para revolver; licuadora y agua filtrada o hervida para licuar; azúcar o miel para endulzar; y cubos de queso fresco y cuadrados de pan de molde tostado para acompañar el licuado de fresas y completar la lonchera.
Pasos:
Crear la página: el adulto y el niño toman la canasta y van juntos a recoger las fresas de su jardín o a comprar las fresas en el mercado cercano, siempre pensando en su color, su olor y su sabor. Luego, el adulto pregunta al niño: — “Si tu creatividad fuera esta página, ¿cómo está hoy: amplia como el horizonte o pequeña como una cueva?”. Después de escuchar su respuesta, lo invita a completar la frase: — “Mi creatividad hoy está amplia porque…” o — “Mi creatividad hoy necesita ayuda porque…”
Trazar con el pincel: el niño extiende las fresas sobre la mesa, escoge “las buenas” y desecha “las malas” formando “su círculo de color, olor y sabor”. Cuando el niño está sentado observando la página y el pincel, el adulto lo invita a tocar suavemente su pecho, sus manos o su cabeza mientras pregunta: — “¿En qué parte de tu cuerpo sientes tu pincel creativo?”. Después añade: — “Cuando siento creatividad en mi cuerpo me gusta…”
Ver la imagen: el niño, parado en frente de la página mientras mira y moviliza el pincel, siente la imagen en su pecho. Luego lava cada fresa con agua fresca y, utilizando el cucharón de madera, revuelve las fresas para activar su inspiración. El adulto pregunta: — “¿Cómo está la imagen en tu pecho hoy: brilla fuerte como un colorido arcoíris o ilumina suave cómo la luz de un tragaluz?”. Y después lo invita a expresar: — “Mi imagen me dice que…”
Armar el paisaje: el adulto coloca el vaso de la licuadora en su base y ayuda al niño a poner el agua filtrada o hervida, las fresas y el azúcar o la miel en el vaso para licuar y armar el paisaje o la receta de corazón. Al terminar, invita al niño a tomar aire suavemente por la nariz para llenarse de fuerza y soltarlo muy lentamente por la boca haciendo: — “Zzzzzzzzz” para alcanzar y lograr la inspiración de sus recetas con su respiración. Finalmente pregunta: — “¿Y ahora, cómo está tu receta?” y añade: — “Mi receta está lista cuando…”
Disfrutar la creatividad: el adulto armoniza la página y el pincel en una sola dulce mezcla roja y dice: — “Esta combinación de color, sabor y olor surge de nuestra creatividad.” Niño y adulto permanecen unos momentos observando la receta que han preparado juntos.
Compartir la creatividad: el adulto y el niño acompañan su dulce licuado de fresas y acompañan su bebida con cubos de queso fresco y cuadrados de pan de molde tostado, y disfrutan de su lonchera mientras conversan acerca de todo aquello que nace y desarrollan con su creatividad. Para acompañar la conversación, el adulto puede preguntar: — “Algo que me ayuda a desarrollar mi creatividad es…”
Al finalizar el juego, nuestros niños continúan reconociendo la creatividad que sienten y, gracias a la experiencia, comienzan a hablar de su inspiración con mayor motivación, preparándose, de esta manera, para dar paso a una nueva y luminosa sensación en su camino de aprendizaje: “la Imaginación”.
Con cariño,
Lili Marlene
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