

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 26 de Junio, comenzamos nuestras publicaciones dedicadas a la sensación de paz en los niños con el artículo titulado: “¿Qué es la paz para los niños?”, y a fin de partir de los conceptos necesarios para jugar y conversar con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos, responderemos primero a tres preguntas clave: ¿qué es la paz?, ¿cómo construimos nuestra paz? y ¿cuáles son los beneficios de nuestra paz?
Ahora entonces, respondiendo a la primera pregunta —¿qué es la paz?—, podemos explicar que la paz es un estado de equilibrio, armonía y tranquilidad profunda en el que reconocemos las dificultades del presente, pero logramos mantenernos estables frente a las adversidades, entendiendo que debemos confiar en nosotros mismos y en nuestra capacidad para transformar los problemas en oportunidades de aprendizaje, permitiendo que actuemos con amor, seguridad y con una conciencia tranquila con nosotros mismos y con quienes nos rodean.
Sobre la segunda pregunta —¿cómo construimos nuestra paz?—, entendemos que construimos nuestra paz a través de una combinación de factores biológicos: como la liberación de endorfinas y serotonina, la reducción del cortisol y la activación del sistema parasimpático que favorecen la relajación y el bienestar; factores psicológicos: como la aceptación, la autocompasión y la capacidad de vivir el momento presente; y factores socioambientales: como los vínculos seguros, los límites claros y los espacios agradables que favorecen nuestro bienestar emocional.
Finalmente, respondiendo a la tercera pregunta —¿cuáles son los beneficios de nuestra paz?—, podemos afirmar que la sensación de paz aporta ventajas integrales que transforman nuestra vida para bien y bienestar personal y colectivo, al generar beneficios físicos, como el fortalecimiento del sistema inmune, la mejora del descanso reparador y el aumento de la energía corporal; beneficios cognitivos y emocionales, como la claridad mental para tomar decisiones, la regulación de la ansiedad y la mayor capacidad de concentración; y beneficios sociales, como el desarrollo de relaciones saludables basadas en la empatía y la capacidad de resolver conflictos de forma pacífica.
De este modo, para jugar y conversar con nuestros niños sobre la paz, lo ideal es que, al jugar, usemos experiencias simples, como imitar a un árbol firme que respira hondo con el viento para sentir la quietud ante la adversidad, cuidar el agua de un estanque sin moverla para alimentar la tranquilidad constante hacia quienes nos rodean, o acostarse a escuchar el silencio de la tarde para practicar el bienestar espiritual significativo; y por otro lado, al conversar, es mejor partir de lo sensorial con preguntas como: "¿Cómo hace tu cuerpo para mantenerse tan firme como ese árbol?", "¿Cómo crees que se siente el agua cuando nadie la mueve?" o "¿A qué suena el silencio de la tarde?"; pues la clave es que el niño descubra que la paz es su propia fortaleza para mantener la quietud, convivir en armonía y llenar de belleza y luz su mundo.
En ese sentido, y como camino hacia nuestro próximo artículo, “¿Cómo ayudar a los niños a reconocer la paz que sienten?”, podemos decir que para los niños la paz es algo que se cultiva y se cosecha, y lo comprenden principalmente de tres formas:
Como un “Árbol”: sienten que su cuerpo se llena de una energía estable que los mantiene enraizados ante el viento; entienden la paz como esa fortaleza interior que les permite actuar con amor, esperar con paciencia y mantenerse estables ante la adversidad.
Como un “Estanque”: reconocen que la paz es lo que cuida el agua de sus emociones sin moverla día con día; es el equilibrio inspirador que los llena de tranquilidad para convivir en armonía y esperar con serenidad el fruto de sus esfuerzos.
Como una “Mariposa”: asocian la paz con el vuelo suave de una mariposa que se posa con ligereza sobre su pecho, transformando el ruido en silencio; ven la paz como el poder de pausar en el lado sereno de la vida y regalar bienestar a su propio corazón.
En resumen, los niños entienden la paz como “lo que hace que todo se aquiete" y saben que, gracias a la paz, los sueños pueden convertirse en realidades tranquilas, inspiradoras y muy armoniosas.
Y así, paso a paso, al observar, jugar y conversar, acompañamos a nuestros niños a descubrir que la paz está en aquello que pueden cultivar dentro de sí mismos y en la forma en que se relacionan con los demás… porque cuando un niño abraza su paz, empieza también a creer en sí mismo, a convertirse en creador de armonía y a habitar el mundo con una mirada y una sonrisa llenas de belleza y luz.
Con cariño,
Lili Marlene
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