

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 03 de Julio, después de haber aprendido que lo más importante al jugar y conversar sobre la paz con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos es usar experiencias simples y partir de lo sensorial, damos un nuevo paso en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a reconocer la paz que sienten?”.
Entonces, partimos de dos ideas clave, la primera es que, en la experiencia de reconocer su propia paz, nosotros —papás, abuelos, tíos y maestros— debemos enseñar a cada niño a identificar sensaciones físicas de firmeza y quietud tratando su paz como un “árbol” arraigado, un “estanque” apacible o una “mariposa” en pausa; y la segunda es que ayudar a los niños a reconocer su propia paz es crear un “Plan Semanal”, donde registrar, a través de sus dibujos, las tareas significativas que esperan desarrollar cada día, y con el cual poner en acción el cuerpo y los sentidos para hacer aquello que aman y desean hacer en familia, con sus amigos y junto a sus mascotas.
De este modo, en la búsqueda de favorecer estados de equilibrio emocional y seguridad mental en los niños, expresados en sus cuerpos relajados y en sus mentes enfocadas, y recordando que nuestro propósito es preparar a los niños para la vida, lo más significativo que podemos dar a nuestros niños es canalizar su capacidad de espera y su actitud paciente, pues cuando decimos a un niño: “Entiendo que tú sientes miedo, podemos tomarnos fuerte de las manos”, estamos enseñando que aquello que está experimentando es natural y es físicamente controlable.
Del mismo modo, es fundamental recordar que el acompañamiento sensorial a los niños para que reconozcan la paz que sienten hace posible que alcancemos logros significativos, entre los cuales podemos mencionar los siguientes:
A nivel emocional, aprenden a identificar sus emociones y desarrollan la capacidad de utilizar recursos, como el “Plan Semanal”, para recuperar el equilibrio por sí mismos.
A nivel afectivo, aprenden a validar sus estados emocionales y desarrollan una base de seguridad y confianza con los adultos.
Y, a nivel social, aprenden a resolver los conflictos de una manera pacífica y desarrollan la empatía hacia los otros.
Ahora bien, en respuesta a la pregunta ¿cómo ayudar a un niño a reconocer la paz que siente?, podemos decir que, al jugar y conversar con un niño sobre su paz, es oportuno tener en cuenta tres enfoques según su edad:
Enfoque de la sensación física: a los 3 años, los niños viven en su cuerpo, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas directas sobre sus ritmos biológicos: la firmeza de su postura o la quietud de sus movimientos, como por ejemplo: “¿Sientes tu cuerpo estirado como un tronco alto que te inspira a alcanzar el cielo o como una rama pequeña que crece cada día?”
Enfoque de la simbolización: a los 4 años, con el despertar de la imaginación, los niños pueden representar lo que sienten mediante elementos de la naturaleza o texturas; la paz se vuelve una imagen que pueden describir, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas, como por ejemplo: “Si tu paz fuera un estanque de agua cristalina... ¿sería un pequeño espejo que refleja las estrellas o un gran espejo que refleja la luna?”
Enfoque de la intensidad y el espacio: a los 5 años, los niños comienzan a comprender que el optimismo tiene niveles y que ocupa un lugar en su interior, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas, como por ejemplo: “Si la paz fuera una mariposa sobre tu pecho... ¿está brillando suave como el celeste del cielo o está brillando fuerte como el verde azul del mar?”
En resumen, la forma en que un niño reconoce la paz que siente depende de cuánto nosotros, los adultos, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conocemos y comprendemos su personalidad, sus necesidades y deseos, y su desarrollo cognitivo.
Y, como puente hacia nuestro próximo artículo: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en la paz que sienten?” podemos adelantar que poner nombre a las sensaciones de nuestros niños con preguntas como “¿Sientes vientos?” o “¿Es una mariposa luminosa?” facilita su pensamiento, su reflexión y su comunicación emocional.
Con cariño,
Lili Marlene
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