

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 10 de Julio, después de haber aprendido que para ayudar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a reconocer su paz, la clave es validar sus reflexiones a través del juego y la conversación, tomando en cuenta tres enfoques según su edad (la sensación física, la simbolización y la intensidad y el espacio), damos un paso más en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en la paz que sienten?”.
En ese sentido, partimos de dos bases, por un lado, cómo nuestros niños comprenden la paz: como “árbol” o fortaleza interior, como “estanque” o equilibrio inspirador, y “mariposa” o poder de pausar; y por otro lado, cómo nosotros, los adultos, podemos acompañar sensorialmente a los niños, usando “la sensación física” (3 años) con reflexiones asociadas a la firmeza de su postura o la quietud de sus movimientos, “la simbolización” (4 años) con reflexiones asociadas a los elementos de la naturaleza, y “la intensidad y el espacio” (5 años) con reflexiones asociadas a los niveles de la paz.
De este modo, al acompañar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a descubrir su paz, lo fundamental es ayudar a cada niño a lograr esa estabilidad interior que conecte con el amor que habita dentro de sí mismo, para que pueda actuar y esperar con paciencia, de modo que logre comprender que la paz, tanto interior como exterior, se cultiva y se cosecha día a día, y que es una sensación que todos nosotros, adultos y niños, podemos reconocer, explorar y fortalecer en beneficio propio y de los demás.
Ahora bien, para ayudar a los niños en el logro de la estabilidad interior, y que desde el juego y la conversación cada niño pase de la observación a la acción con una actitud paciente, proponemos cuatro pasos:
El “Árbol”: cuyo objetivo es medir la paz, preguntando a los niños: “Si tu paz fuera un árbol, ¿es un tronco fuerte, alto y crecido, o es una rama pequeña lista para crecer?”.
El “Estanque”: cuyo objetivo es ubicar la paz, preguntando a los niños: “¿En qué parte de tu cuerpo sientes esa agua tranquila de tus emociones?”.
La “Mariposa”: cuyo objetivo es explorar la paz, preguntando a los niños: “¿Cómo se siente la mariposa en tu pecho hoy: vuela suave como la brisa del cielo o aletea con fuerza como las olas del mar?”.
El “Follaje”: cuyo objetivo es regular la paz, y para lograrlo les pedimos que tomen aire suavemente por la nariz para llenarse de fuerza, y que lo suelten muy lentamente por la boca haciendo “Uuuuuuuuu”, como si protegieran su árbol y cuidaran la tranquilidad de su entorno con su respiración.
Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo, nieto, sobrino o alumno está frustrado porque no le sale un dibujo y lanza el lápiz al suelo. En lugar de corregirlo en ese momento, decidimos acompañarlo a recuperar su estabilidad interior aplicando los cuatro pasos:
Primero, con “El Árbol”, le preguntamos para medir su estado: “Si tu paz fuera un árbol ahora mismo, ¿es un tronco alto y firme, o es una rama pequeña que se dobla con el viento?”, y el niño puede responder: “¡Siento que soy una rama rota en el suelo!”. Luego, con “El Estanque”, lo invitamos a ubicar la paz en su cuerpo: “¿En qué parte de ti sientes esa agua tranquila de tus emociones: en tu pecho, en tu estómago o en tu cabeza?”, ayudándolo a reconocer dónde reside su punto de calma.
Después, con “La Mariposa”, lo ayudamos a explorar su interior: “¿Cómo se siente la mariposa en tu pecho hoy: vuela suave o sus alas se mueven muy rápido y asustadas?”, y el niño puede expresar la agitación que lleva dentro. Finalmente, le proponemos “El Follaje” para regular la paz: “Vamos a proteger tu tranquilidad; toma aire suavemente por la nariz para llenarte de fuerza y luego suéltalo muy despacio por la boca haciendo 'Uuuuuuuuu' para que ese follaje abrace tu árbol, detenga el viento y devuelva la quietud a tu estanque”.
Y, para cerrar la experiencia y ayudar al niño a reconocer el cambio hacia la observación y la acción en actitud paciente, le preguntamos: “¿Cómo vuelan las alas de tu mariposa ahora?”.
En resumen, estos cuatro pasos —medir, ubicar, explorar y regular— invitan a los niños a activar su cuerpo con un propósito y, de esta manera, cada niño aprende a tener paciencia, a reconocer sus límites y a desarrollar su autorregulación paso a paso.
Y es así como este ejercicio de autoconocimiento corporal de cuatro pasos —árbol, estanque, mariposa y follaje— se transforma en una experiencia de autoexpresión sensorial que conecta a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos con sus lenguajes no verbal y verbal, y a nosotros, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conduce hacia el siguiente paso con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a hablar de la paz que sienten?”.
Con cariño,
Lili Marlene
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