

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 30 de Octubre, después de haber aprendido que para ayudar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a reconocer su luz, la clave es validar sus reflexiones a través del juego y la conversación, tomando en cuenta tres enfoques según su edad (la sensación física, la simbolización y la intensidad y el espacio), damos un paso más en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en la luz que sienten?”.
En ese sentido, partimos de dos bases, por un lado, cómo nuestros niños comprenden la luz: como “talento” o revelación exterior, como “tesoro” o construcción activa, o como “obra” o poder del actuar; y por otro lado, cómo nosotros, los adultos, podemos acompañar sensorialmente a los niños, usando “la sensación física” (3 años) con reflexiones asociadas a la visualización de sus acciones o la materialización de sus decisiones, “la simbolización” (4 años) con reflexiones asociadas a los elementos de la naturaleza, y “la intensidad y el espacio” (5 años) con reflexiones asociadas a los niveles de la luz.
De este modo, al acompañar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a descubrir su luz, lo fundamental es ayudar a cada niño a lograr esa estabilidad interior que conecte con el amor que habita dentro de sí mismo, para que pueda seguir su luz y cumplir sus sueños, de modo que logre comprender que la luz, tanto interior como exterior, se acoge y se protege con el amor por nosotros mismos y por lo que hacemos, y que es una sensación que todos nosotros, adultos y niños, podemos reconocer, explorar y fortalecer en beneficio propio y de los demás.
Ahora bien, para ayudar a los niños en el alcance del amor por sí mismos y por lo que hacen, y que desde el juego y la conversación cada niño siga su luz y cumpla sus sueños siempre de una manera integral, proponemos cuatro pasos:
El “Talento”: cuyo objetivo es medir la luz, reconociendo cómo se manifiesta en el niño a través de sus pensamientos y acciones, y preguntando: “Si tu luz fuera un talento, ¿cómo la expresarías hoy: con tu mente, imaginando tus ideas, o con tus manos, creando algo especial?”.
El “Tesoro”: cuyo objetivo es ubicar la luz, invitando al niño a reconocer dónde siente y guarda aquello que considera especial, y preguntando: “¿En qué parte de tu cuerpo sientes que guardas esas creaciones especiales?”.
La “Obra”: cuyo objetivo es explorar la luz, ayudando al niño a reconocer cómo se manifiesta en su interior y qué intensidad tiene en ese momento, y preguntando: “¿Cómo sientes la luz de tu obra en el pecho hoy: ilumina como la claridad del día o tiene la intensidad de la luna?”.
La “Creación”: cuyo objetivo es regular la luz, y para lograrlo les pedimos que tomen aire suavemente por la nariz para expresarse con formas y luces, y que lo suelten muy lentamente por la boca haciendo “Eeeeeeeee”, imaginando cómo expresa sus formas y luces, y expandiendo cada una hasta cubrir el ambiente con la claridad y la intensidad de sus luminosas creaciones.
Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo, nieto, sobrino o alumno está frustrado porque no le sale un dibujo y lanza el lápiz al suelo. En lugar de corregirlo en ese momento, decidimos acompañarlo a explorar su mente aplicando los cuatro pasos:
Primero, con “El Talento”, le preguntamos para medir cómo se manifiesta su luz en ese momento: “Si tu luz fuera un talento, ¿cómo la expresarías hoy: con tu mente, imaginando tus ideas, o con tus manos, creando algo especial?”. El niño puede responder: “¡Siento que mis manos se quieren mover!”. Luego, con “El Tesoro”, lo invitamos a ubicar la luz en su cuerpo: “¿En qué parte de ti sientes que guardas esas creaciones especiales: en tu pecho, en tu estómago o en tu cabeza?”, ayudándolo a reconocer dónde siente aquello que le brinda seguridad y confianza.
Después, con “La Obra”, lo ayudamos a explorar su interior: “¿Cómo sientes la luz de tu obra en tu pecho hoy: ilumina como el día o tiene la intensidad de la luna?”, y el niño puede expresar la fuerza, la claridad y los colores que imagina o siente en ese momento. Finalmente, le proponemos “La Creación” para regular la luz: “Vamos a expresar tu inspiración; toma aire suavemente por la nariz y luego suéltalo muy despacio por la boca haciendo ‘Eeeeeeeee’, imaginando cómo tus formas y luces se expanden, expresan tu talento y llenan de luminosidad tu entorno”.
Y, para cerrar la experiencia y ayudar al niño a reconocer la expansión de sus formas, sus luces y su creación, le preguntamos: “¿Cómo sientes ahora la claridad y la intensidad de tus luminosas creaciones?”.
En resumen, estos cuatro pasos —medir, ubicar, explorar y regular— invitan a los niños a activar su cuerpo con un propósito y, de esta manera, cada niño aprende a reconocer y fortalecer el amor por sí mismos y por lo que hacen, cumplir sus sueños y compartir su amor día a día.
Y es así como este ejercicio de autoconocimiento corporal de cuatro pasos — talento, tesoro, obra y creación — se transforma en una experiencia de autoexpresión sensorial que conecta a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos con sus lenguajes no verbal y verbal, y a nosotros, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conduce hacia el siguiente paso con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a hablar de la luz que sienten?”.
Con cariño,
Lili Marlene
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