

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 02 de Octubre, después de haber aprendido que para ayudar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a reconocer su belleza, la clave es validar sus reflexiones a través del juego y la conversación, tomando en cuenta tres enfoques según su edad (la sensación física, la simbolización y la intensidad y el espacio), damos un paso más en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en la belleza que sienten?”.
En ese sentido, partimos de dos bases, por un lado, cómo nuestros niños comprenden la belleza: como “autoconcepto” o revelación interior, como “autoimagen” o construcción personal, o como “misión” o poder del ser; y por otro lado, cómo nosotros, los adultos, podemos acompañar sensorialmente a los niños, usando “la sensación física” (3 años) con reflexiones asociadas a la proyección de su yo o la valoración de su presencia, “la simbolización” (4 años) con reflexiones asociadas a los elementos de la naturaleza, y “la intensidad y el espacio” (5 años) con reflexiones asociadas a los niveles de la belleza.
De este modo, al acompañar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a descubrir su belleza, lo fundamental es ayudar a cada niño a lograr esa estabilidad interior que conecte con el amor que habita dentro de sí mismo, para que pueda descubrir su belleza y amarse siempre, de modo que logre comprender que la belleza, tanto interior como exterior, se reconoce y se cuida con el equilibrio entre el cuerpo y la mente, y que es una sensación que todos nosotros, adultos y niños, podemos reconocer, explorar y fortalecer en beneficio propio y de los demás.
Ahora bien, para ayudar a los niños en el logro del equilibrio entre el cuerpo y la mente, y que desde el juego y la conversación cada niño descubra su belleza y se ame siempre de una manera integral, proponemos cuatro pasos:
El “Autoconcepto”: cuyo objetivo es medir la belleza, preguntando a los niños: “Si tu belleza fuera un autoconcepto, ¿relacionas tu belleza con una flor o prefieres un animal como un conejo?.
La “Autoimagen”: cuyo objetivo es ubicar la belleza, preguntando a los niños: “¿En qué parte de tu cuerpo sientes esa creación interior?”.
La “Misión”: cuyo objetivo es explorar la belleza, preguntando a los niños: “¿Cómo se siente la misión en tu pecho hoy: brilla con la fuerza del sol o brilla con el multicolor de un arcoíris?”.
La “Realización”: cuyo objetivo es regular la belleza, y para lograrlo les pedimos que tomen aire suavemente por la nariz para expresarse con palabras y luces, y que lo suelten muy lentamente por la boca haciendo “Mmmmmmmmm”, como si proyectaran su palabras e imprimieran el espejo con el colorido y la iluminación de sus luces de diferentes texturas.
Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo, nieto, sobrino o alumno está frustrado porque no le sale un dibujo y lanza el lápiz al suelo. En lugar de corregirlo en ese momento, decidimos acompañarlo a explorar su mente aplicando los cuatro pasos:
Primero, con “El Autoconcepto”, le preguntamos para medir su estado: “Si tu belleza fuera un autoconcepto ahora mismo, ¿relacionas tu belleza con una flor o prefieres un animal como un conejo?, y el niño puede responder: “¡Siento que quiero dar saltos de alegría!”. Luego, con “La Autoimagen”, lo invitamos a ubicar la belleza en su cuerpo: “¿En qué parte de ti sientes esa creación interior: en tu pecho, en tu estómago o en tu cabeza?”, ayudándolo a reconocer dónde reside su punto de acción.
Después, con “La Misión”, lo ayudamos a explorar su interior: “¿Cómo se siente la misión en tu pecho hoy: ¿brilla con fuerza o es una iluminación multicolor? y el niño puede expresar la fuerza y la iluminación multicolor que siente en ese momento. Finalmente, le proponemos “La Realización” para regular la belleza: “Vamos a canalizar tu acción; toma aire suavemente por la nariz para expresarte con palabras y luces y luego suéltalo muy despacio por la boca haciendo 'Mmmmmmmmm’ para que ese mensaje construya tu autoconcepto, movilice tu espíritu y cubra de amor tu cuerpo”.
Y, para cerrar la experiencia y ayudar al niño a reconocer la proyección de sus palabras y luces y su acción, le preguntamos: “¿Cómo es el brillo y la iluminación de tu espejo ahora?”.
En resumen, estos cuatro pasos —medir, ubicar, explorar y regular— invitan a los niños a activar su cuerpo con un propósito y, de esta manera, cada niño aprende a lograr el equilibrio entre el cuerpo y la mente, a realizar sus sueños y a compartir sus logros día a día.
Y es así como este ejercicio de autoconocimiento corporal de cuatro pasos — autoconcepto, autoimagen, misión y realización — se transforma en una experiencia de autoexpresión sensorial que conecta a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos con sus lenguajes no verbal y verbal, y a nosotros, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conduce hacia el siguiente paso con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a hablar de la belleza que sienten?”.
Con cariño,
Lili Marlene
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