

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 12 de Junio, después de haber aprendido que para ayudar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a reconocer su optimismo, la clave es validar sus reflexiones a través del juego y la conversación, tomando en cuenta tres enfoques según su edad (la sensación física, la simbolización y la intensidad y el espacio), damos un paso más en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en el optimismo que sienten?”.
En ese sentido, partimos de dos bases, por un lado, cómo nuestros niños comprenden el optimismo: como “resorte” o impulso interno, como “brote” o semilla de ilusiones día con día, y como “prisma” o gafas mágicas que transforman la luz del sol; y por otro lado, cómo nosotros, los adultos, podemos acompañar sensorialmente a los niños, usando “la sensación física” (3 años) con reflexiones asociadas a la apertura de su postura o la ligereza de sus movimientos, “la simbolización” (4 años) con reflexiones asociadas a los elementos de la naturaleza, y “la intensidad y el espacio” (5 años) con reflexiones asociadas a los niveles del optimismo.
De este modo, al acompañar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a descubrir su optimismo, lo fundamental es ayudar a cada niño a reconocer esa pequeña semilla de confianza que vive en su interior para que pueda creer en sí mismo, comprender mejor lo que siente y desarrollar su autorregulación paso a paso, de modo que logre comprender que el optimismo, tanto interior como exterior, se siembra y se cultiva día a día, y que es una sensación que todos nosotros, adultos y niños, podemos reconocer, explorar y fortalecer en beneficio propio y de los demás.
Ahora bien, para ayudar a los niños en el desarrollo y el crecimiento de su semilla del optimismo, y que desde el juego y la conversación cada niño pase de la duda a la creencia y confianza en sí mismo, proponemos cuatro pasos:
El “Resorte”: cuyo objetivo es medir el optimismo, preguntando a los niños: “Si tu optimismo fuera un resorte, ¿está encogido y quieto o está listo para dar un gran salto?”.
El “Brote”: cuyo objetivo es ubicar el optimismo, preguntando a los niños: “¿En qué parte de tu cuerpo sientes esa pequeña semilla o brote de ilusiones?”.
El “Prisma”: cuyo objetivo es explorar el optimismo, preguntando a los niños: “¿Cómo se ve el mundo a través de tu prisma hoy: lleno de colores brillantes o hay algún color gris apagando la luz?”.
El “Sol”: cuyo objetivo es regular el optimismo: les pedimos que tomen aire suavemente por la nariz para llenarse de brillo, y que lo suelten muy lentamente por la boca haciendo “Sssssssss” para iluminar y entibiar el entorno con su respiración.
Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo, nieto, sobrino o alumno está frustrado porque no le sale un dibujo y lanza el lápiz al suelo. Y en lugar de corregirlo en ese momento, decidimos acompañarlo a recuperar su confianza aplicando los cuatro pasos:
Primero, con “El Resorte”, le preguntamos para medir su estado: “Si tu optimismo fuera un resorte ahora mismo, ¿está encogido y quieto o está listo para dar un gran salto?”, y el niño puede responder: “¡Está completamente aplastado y sin fuerza!”. Luego, con “El Brote”, lo invitamos a ubicar el optimismo en su cuerpo: “¿En qué parte de ti sientes que hay una pequeña semilla o brote de ilusiones: en tu pecho, en tus manos o en tu cabeza?”, y reconoce dónde reside su punto de confianza.
Después, con “El Prisma”, lo ayudamos a explorar su interior: “¿Cómo se ve el mundo a través de tu prisma hoy: lleno de colores brillantes o hay algún color gris apagando la luz?”, y el niño puede decir que ve todo oscuro o de color gris. Finalmente, le proponemos “El Sol” para regular el optimismo: “Vamos a traer la luz cálida; toma aire profundamente por la nariz para llenarte de brillo y luego suéltalo muy despacio por la boca haciendo 'Sssssssss' para que ese sol disuelva el gris y encienda tus colores”.
Y, para cerrar la experiencia y ayudar al niño a reconocer el cambio hacia la creencia y la confianza en sí mismo, le preguntamos: “¿Cómo se ven los colores en tu prisma ahora?”.
En resumen, estos cuatro pasos —medir, ubicar, explorar y regular— invitan a los niños a activar su cuerpo con un propósito y, de esta manera, cada niño aprende a transformar dudas, a reconocer sus límites y a desarrollar su autorregulación paso a paso.
Y es así como este ejercicio de autoconocimiento corporal de cuatro pasos —resorte, brote, prisma y sol— se transforma en una experiencia de autoexpresión sensorial que conecta a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos con sus lenguajes no verbal y verbal, y a nosotros, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conduce hacia el siguiente paso con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a hablar del optimismo que sienten?”.
Con cariño,
Lili Marlene
¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 05 de Junio , después de haber aprendido que lo más importante al jugar y conversar sobre el optimismo con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos es usar experiencias simples y partir de lo sensorial, damos un nuevo paso en…
Leer más →¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 29 de Mayo , comenzamos nuestras publicaciones dedicadas a la sensación de optimismo en los niños con el artículo titulado: “¿Qué es el optimismo para los niños?” , y a fin de partir de los conceptos necesarios para jugar y…
Leer más →