

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 01 de Mayo, comenzamos nuestras publicaciones dedicadas a la sensación de la calma en los niños con el artículo titulado: “¿Qué es la calma para los niños?”, y a fin de partir de los conceptos necesarios para jugar y conversar con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos, responderemos primero a tres preguntas clave: ¿qué es la calma?, ¿qué genera nuestra calma? y ¿cuáles son las manifestaciones de nuestra calma?
Ahora entonces, respondiendo a la primera pregunta —¿qué es la calma?—, podemos explicar que la calma es un estado de equilibrio emocional y seguridad mental donde nuestro cuerpo se relaja y nuestra mente se enfoca, permitiendo que respondamos de manera consciente ante la vida y el presente, y que actuemos con propósito y desde la escucha interna profunda.
Sobre la segunda pregunta —¿qué genera nuestra calma?—, entendemos que la calma se genera principalmente a través de cinco elementos clave: la regulación emocional y mental, la respiración y las pausas, la conexión con uno mismo, la aceptación de la realidad y las acciones con propósito, que integrados a nuestra rutina diaria, transforman nuestra manera de habitar el mundo y de relacionarnos con nosotros mismos.
Finalmente, respondiendo a la tercera pregunta —¿cuáles son las manifestaciones de nuestra calma?—, podemos decir que son de dos tipos: por un lado, psicológicas, como la actitud serena ante la vida, la percepción objetiva de la realidad y el control paciente de uno mismo; y, por otro lado, físicas, un cuerpo relajado que acompaña a la actitud serena, una mirada tranquila que acompaña a la percepción objetiva y una respiración suave que acompaña al control paciente de uno mismo.
De este modo, para jugar y conversar con nuestros niños sobre la calma, lo ideal es que, al jugar, usemos experiencias simples, como imitar a una marioneta que suelta sus hilos para sentir una actitud serena, observar cómo se asienta la tierra en un vaso con agua para recuperar una percepción objetiva, o mantener una pluma en el aire soplándola con suavidad para practicar el control paciente; y por otro lado, al conversar, es mejor partir de lo sensorial con preguntas como: "¿En qué parte de tu cuerpo sientes paz?", "¿Ves cómo, ahora que el agua está quieta, puedes ver el fondo?" o "¿Cómo se siente esperar el momento justo para soplar?"; pues la clave es que el niño descubra que la calma es su propia fuerza para estar bien, ver con claridad y ser dueño de sus acciones.
En ese sentido, y como camino hacia nuestro próximo artículo, “¿Cómo ayudar a los niños a reconocer la calma que habitan?”, podemos decir que para los niños la calma es algo que se vive y se disfruta, y la comprenden principalmente de tres formas:
Como un “Refugio”: sienten que su cuerpo se vuelve ligero y suave, como si estuvieran envueltos en una manta cálida; entienden la calma como ese lugar seguro donde pueden soltar tensiones, descansar y soñar en paz.
Como un “Cristal”: reconocen que la calma es lo que limpia el agua de sus pensamientos para ver el fondo; es la transparencia que les ayuda a mirar lo que pasa a su alrededor con verdad y sin miedo.
Como un “Timón”: asocian la calma con el mando de su propia fuerza, como quien sopla una pluma con suavidad para guiar su vuelo; ven la calma como el poder de decidir hacia dónde ir y esperar el momento justo para actuar.
En resumen, los niños entienden la calma como “lo que hace que todo se aclare" y saben que, gracias a la calma, el mundo es un lugar seguro, comprensible y pleno de posibilidades.
Y así, paso a paso, al observar, jugar y conversar, acompañamos a nuestros niños a descubrir que la calma está en lo que deciden y en cómo se sienten… porque cuando un niño abraza su calma, empieza también a conocerse a sí mismo, a ser dueño de sus actos y a habitar el mundo con mayor claridad, seguridad y bienestar.
Con cariño,
Lili Marlene
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