

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 17 de Abril, tras haber aprendido que para ayudar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a reconocer su energía la clave es validar sus reflexiones a través del juego y la conversación, tomando en cuenta tres enfoques según su edad (la sensación física, la simbolización y la intensidad y el control), damos un paso más en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en la energía que sienten?”.
En ese sentido, partimos de dos bases, por un lado, cómo nuestros niños comprenden la energía: como “superpoder” o fuerza para la acción, como “magia” o ingrediente invisible que activa su mundo alrededor, y como “sensaciones” asociadas a la naturaleza; y por otro lado, cómo nosotros, los adultos, podemos acompañar sensorialmente a los niños, usando “la sensación física” (3 años) con reflexiones asociadas a los latidos de su corazón, “la simbolización” (4 años) con reflexiones asociadas al color de su energía, y “la intensidad y el control” (5 años) con reflexiones asociadas al volumen de su energía.
De este modo, al acompañar a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos a descubrir su energía, lo fundamental es ayudar a cada niño a construir un pensamiento positivo sobre la energía, de modo que logren comprender que la energía, tanto interior como exterior, se carga y se descarga, y que es una sensación que todos nosotros, adultos y niños, podemos medir, ubicar, explorar y regular en beneficio propio y de los otros.
Ahora bien, para ayudar a los niños en la construcción de su pensamiento positivo de la energía, y que desde el juego y la conversación cada niño pase de la reacción instintiva a la conciencia corporal, proponemos cuatro pasos:
El “Sol”: cuyo objetivo es medir la energía, preguntando a los niños: “Si fueras un sol, ¿qué tan fuerte estás brillando ahora?”.Las “Luces”: cuyo objetivo es ubicar la energía, preguntando a los niños: “¿En qué parte de tu cuerpo sientes una luz brillando?”.
El “Clima”: cuyo objetivo es explorar la energía, preguntando a los niños: “¿Cómo está el clima dentro de ti: saltarín como un trueno, suave como una brisa o pesado como una tormenta?”.
El “Globo”: cuyo objetivo es regular la energía: les pedimos que tomen aire haciendo “HhhhUuuu” para inflar el globo y activarse, o que suelten el aire haciendo “¡Sssssssss!” para desinflar el globo y tranquilizarse.
Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo, nieto, sobrino o alumno está frustrado porque no le sale un dibujo y lanza el lápiz al suelo. Y en lugar de corregirlo en ese momento, decidimos acompañarlo aplicando los cuatro pasos:
Primero, con “El Sol”, le preguntamos: “Si fueras un sol ahora mismo, ¿qué tan fuerte estás brillando?”, y el niño puede responder: “¡Muy fuerte!”. Luego, con “Las Luces”, lo invitamos a ubicar su energía en el cuerpo: “¿Dónde sientes que la luz brilla más: en tu cara, en tu pecho o en tus pies?”, y reconoce dónde siente la luz con mayor intensidad.
Después, con “El Clima”, lo ayudamos a explorar cómo se siente por dentro: “¿Cómo está tu clima: como un trueno, una brisa o una tormenta?”, y el niño puede decir que se siente saltarín, suave o pesado. Finalmente, si se siente muy pesado, como una tormenta, le decimos: “Imagina que tienes un globo en tu cuerpo, primero toma aire profundo para inflarlo y luego suelta el aire lentamente para desinflarlo, para que tu cuerpo se sienta más tranquilo”.
Y, para cerrar la experiencia y ayudar al niño a reconocer el cambio de energía, le preguntamos: “¿Cómo está tu clima ahora?”.
En resumen, estos cuatro pasos —medir, ubicar, explorar y regular— invitan a los niños a mover su cuerpo con un propósito y, de esta manera, cada niño aprende a liberar tensiones, a reconocer sus límites y a desarrollar su autorregulación paso a paso.
Y es así como este ejercicio de autoconocimiento corporal de cuatro pasos —sol, luces, clima y globo— se transforma en una experiencia de autoexpresión sensorial que conecta a nuestros hijos, nietos, sobrinos y alumnos con sus lenguajes no verbal y verbal, y a nosotros, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conduce hacia el siguiente paso con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a hablar de la energía que sienten?”.
Con cariño,
Lili Marlene
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