

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 29 de Mayo, comenzamos nuestras publicaciones dedicadas a la sensación de optimismo en los niños con el artículo titulado: “¿Qué es el optimismo para los niños?”, y a fin de partir de los conceptos necesarios para jugar y conversar con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos, responderemos primero a tres preguntas clave: ¿qué es el optimismo?, ¿qué sustenta nuestro optimismo? y ¿cuáles son los beneficios de nuestro optimismo?
Ahora entonces, respondiendo a la primera pregunta —¿qué es el optimismo?—, podemos explicar que el optimismo es un estado de confianza consciente y seguridad mental en el que reconocemos las dificultades del presente, pero elegimos enfocar nuestra energía en las posibilidades del futuro, entendiendo que debemos creer en nosotros y en nuestra capacidad de transformar los problemas en oportunidades de aprendizaje, permitiendo que actuemos con esperanza y resiliencia, y con la convicción profunda de que nuestras acciones pueden construir un mañana mejor.
Sobre la segunda pregunta —¿qué sustenta nuestro optimismo?—, entendemos que el optimismo se sustenta principalmente a través de cinco elementos clave: la autoestima y la confianza, la reformulación del pensamiento, el enfoque en las soluciones, la resiliencia ante la adversidad y la esperanza activa, que toda vez integrados a nuestra rutina diaria, transforman nuestra manera de habitar el mundo y de relacionarnos con nosotros mismos.
Finalmente, respondiendo a la tercera pregunta —¿cuáles son los beneficios de nuestro optimismo?—, podemos decir que son de dos tipos: por un lado, beneficios psicológicos, como la resiliencia ante la adversidad, la motivación constante hacia las metas y el bienestar emocional profundo; y, por otro lado, beneficios físicos, como una mayor vitalidad corporal, un sistema inmune fortalecido y un corazón saludable, todos acompañando nuestro bienestar emocional y nuestra capacidad de afrontar la vida con esperanza.
De este modo, para jugar y conversar con nuestros niños sobre el optimismo, lo ideal es que, al jugar, usemos experiencias simples, como imitar a un superhéroe que se levanta después de una caída para sentir la resiliencia ante la adversidad, sembrar una semilla y regarla cada día para alimentar la motivación constante hacia las metas, o buscar formas divertidas en las nubes grises para practicar el bienestar emocional profundo; y por otro lado, al conversar, es mejor partir de lo sensorial con preguntas como: "¿Qué superpoder usas para volver a intentarlo?", "¿Cómo crees que se siente la semilla creciendo bajo la tierra?" o "¿Qué figura alegre puedes ver hoy en esa nube?"; pues la clave es que el niño descubra que el optimismo es su propia fuerza para superar retos, alcanzar sus sueños y llenar de luz su mundo.
En ese sentido, y como camino hacia nuestro próximo artículo, “¿Cómo ayudar a los niños a reconocer el optimismo que sienten?”, podemos decir que para los niños el optimismo es algo que se aprende y se trabaja, y lo comprenden principalmente de tres formas:
Como un “Resorte”: sienten que su cuerpo se llena de una energía elástica que los impulsa a levantarse tras un tropiezo; entienden el optimismo como ese impulso interno que les permite sacudirse el polvo, volver a intentarlo y persistir ante la adversidad.
Como un “Brote”: reconocen que el optimismo es lo que hace crecer la semilla de sus ilusiones día con día; es la constancia silenciosa que los llena de entusiasmo para cuidar sus metas y esperar con alegría el fruto de sus esfuerzos.
Como un “Prisma”: asocian el optimismo con unas gafas mágicas que transforman la luz del sol, encontrando arcoíris incluso en las nubes grises; ven el optimismo como el poder de elegir el lado alegre de la vida y regalar bienestar a su propio corazón.
En resumen, los niños entienden el optimismo como “lo que hace que todo se encienda" y saben que, gracias al optimismo, los sueños pueden convertirse en realidades luminosas, inspiradoras y muy motivadoras.
Y así, paso a paso, al observar, jugar y conversar, acompañamos a nuestros niños a descubrir que el optimismo está en lo que aman de sí mismos y en cómo se comunican… porque cuando un niño abraza su optimismo, empieza también a creer en sí mismo, a ser realizador de sueños y a habitar el mundo con una mirada y una sonrisa llenas de luz y calor.
Con cariño,
Lili Marlene
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