

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 05 de Junio, después de haber aprendido que lo más importante al jugar y conversar sobre el optimismo con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos es usar experiencias simples y partir de lo sensorial, damos un nuevo paso en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a reconocer el optimismo que sienten?”.
Entonces, partimos de dos ideas clave, la primera es que, en la experiencia de reconocer su propio optimismo, nosotros —papás, abuelos, tíos y maestros— debemos enseñar a cada niño a identificar sensaciones físicas de apertura y ligereza tratando su optimismo como un “resorte” interno, un “brote” de ilusiones o un “prisma” mágico; y la segunda es que ayudar a los niños a reconocer su propio optimismo es crear un “Diario Personal”, donde registrar, a través de sus dibujos, los hechos positivos que esperan pasen al día siguiente, y con el cual activar el cuerpo y los sentidos para acercar aquello que imaginan a aquello que pueden construir en la realidad.
De este modo, en la búsqueda de favorecer estados de equilibrio emocional y seguridad mental en los niños, expresados en sus cuerpos relajados y en sus mentes enfocadas, y recordando que nuestro propósito es preparar a los niños para la vida, lo más significativo que podemos dar a nuestros niños es potenciar su confianza consciente y su seguridad mental, pues, por ejemplo, cuando decimos a un niño: “Entiendo que tú estás triste, podemos abrazarnos fuerte”, estamos enseñando que aquello que está experimentando es natural y es físicamente controlable.
Del mismo modo, es fundamental recordar que el acompañamiento sensorial a los niños para que reconozcan el optimismo que sienten hace posible que alcancemos logros significativos, entre los cuales podemos mencionar los siguientes:
A nivel emocional, aprenden a identificar sus emociones y desarrollan la capacidad de utilizar recursos, como el “Diario Personal”, para recuperar el equilibrio por sí mismos.
A nivel afectivo, aprenden a validar sus estados emocionales y desarrollan una base de seguridad y confianza con los adultos.
Y, a nivel social, aprenden a resolver los conflictos de una manera pacífica y desarrollan la empatía hacia los otros.
Ahora bien, en respuesta a la pregunta ¿cómo ayudar a un niño a reconocer el optimismo que siente?, podemos decir que, al jugar y conversar con un niño sobre su optimismo, es oportuno tener en cuenta tres enfoques según su edad:
Enfoque de la sensación física: a los 3 años, los niños viven en su cuerpo, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas directas sobre sus ritmos biológicos: la apertura de su postura o la ligereza de sus movimientos, como por ejemplo: “¿Sientes tu cuerpo saltarín como un resorte interno que te impulsa a jugar o pesado como si tuvieras zapatos de hierro?”
Enfoque de la simbolización: a los 4 años, con el despertar de la imaginación, los niños pueden representar lo que sienten mediante elementos de la naturaleza o texturas, el optimismo se vuelve una imagen que pueden describir, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas, como por ejemplo: “Si tu optimismo fuera un brote que nace de la tierra, ¿sería como una flor suave que se abre al sol o como una semilla que todavía duerme en lo oscuro?”
Enfoque de la intensidad y el espacio: a los 5 años, los niños comienzan a comprender que el optimismo tiene niveles y que ocupa un lugar en su interior, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas, como por ejemplo: “Si el optimismo fuera un prisma mágico dentro de tu pecho, ¿está brillando suave como una luciérnaga o está brillando con todos los colores de un arcoíris?”
En resumen, la forma en que un niño reconoce el optimismo que siente depende de cuánto nosotros, los adultos, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conocemos y comprendemos su personalidad, sus necesidades y deseos, y su desarrollo cognitivo.
Y, como puente hacia nuestro próximo artículo: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en el optimismo que sienten?” podemos adelantar que poner nombre a las sensaciones de nuestros niños con preguntas como “¿Sientes un impulso?” o “¿Es un optimismo radiante?” facilita su pensamiento, su reflexión y su comunicación emocional.
Con cariño,
Lili Marlene
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