

¡Hola!… ¡Buenos días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 20 de Marzo, abrazada de mi Corazón Mágico, y con el artículo titulado: “¿De dónde nace el Portafotos Corazón Mágico?” me transporto emocionalmente a los recuerdos de mi niñez, cuando echada boca abajo sobre mi gran cama —ubicada junto a la igual de grande cama de Ushi, mi hermana mayor— miraba en silencio y con tranquilidad “la foto de Mamá” brillando dentro de un portarretratos de plata y madera que solía estar en la sala de nuestra casa, pero que yo guardaba en secreto bajo mi almohada, mientras nuestra mamá visitaba por unos días la casa de nuestros abuelos maternos, Luis y Salomé, en una ciudad algo lejana a la nuestra.
Entre mis sábanas, frazadas y mantas, ese portarretratos gris y marrón —que nuestra Mamá Bebo me enseñó a guardar en secreto— ha quedado hoy en el pasado de mi niñez… para dar paso a algo nuevo que nace desde el amor y la necesidad de sentir y expresar propia de los niños: nuestro Portafotos Corazón Mágico, como un objeto pensado para que el refugio de los recuerdos de cada niño sea cálido y suave al tacto —como aquella gran almohada bajo la cual protegía “la foto de Mamá”— y que, al ser abrazado con amor, tiene el poder de transformar las ausencias de nuestros seres amados… en presencias amorosas y sanadoras.
El Portafotos Corazón Mágico es obra del amor que nos une a nuestra Máma Bebo, a mí y a mi sobrino Roberto, tres generaciones que, desde nuestros distintos momentos de la vida, sentimos la importancia de abrazar a quienes amamos, especialmente cuando estamos lejos: Máma Bebo, con su nobleza y sensibilidad infinitas; yo, con el juego y las conversaciones con los niños; y Roberto, con su mirada y arte genuino de fotógrafo… juntos damos vida a nuestro mágico gran corazón rojo, que guarda, responde y acerca.
Entonces, aquello que un día fue un silencioso portarretratos familiar protegido bajo mi gran almohada, hoy se transforma en un amoroso cuidador de historias por contar, un objeto que espera ingresar al mundo azul de los niños para guardar con cuidado fotos, recuerdos y vínculos que unen a la distancia… y que, al mismo tiempo, permanecen en el espacio íntimo de cada niño, porque cuando un niño abraza con amor su Corazón Mágico, siente mucho más que un objeto… siente el gran amor que lo habita y lo acompaña con su calidez y suavidad.
De esta manera, el Portafotos Corazón Mágico actúa como un puente de intercambio de sensaciones, emociones y sentimientos entre generaciones: une el pasado, el presente y el futuro en una experiencia profunda de amor y sanación, y especialmente se convierte en un aliado para nosotros, los adultos, —papás, abuelos, tíos y maestros— comprometidos con la gestión emocional, el desarrollo de habilidades socio emocionales y el bienestar emocional, tanto personal como colectivo, de los niños.
Así, entre fotos, recuerdos y vínculos, nuestro Portafotos Corazón Mágico comienza a formar parte del mundo cotidiano de los niños con una tarea clara: “estimular el abrazo con amor”, y de este modo, paso a paso, respondemos a una pregunta clave: “¿Es el Corazón Mágico un cofre de recuerdos?”.
Con cariño,Lili Marlene
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