

¡Hola!… ¡Buenos Días!… ¿Qué tal?. Hoy, viernes 08 de Mayo, después de haber aprendido que lo más importante al jugar y conversar sobre la calma con nuestros hijos, nietos, sobrinos o alumnos es usar experiencias simples y partir de lo sensorial, damos un nuevo paso en nuestro camino de aprendizaje con el artículo titulado: “¿Cómo ayudar a los niños a reconocer la calma que sienten?”.
Entonces, partimos de dos ideas clave, la primera es que, en la experiencia de reconocer su propia calma, nosotros —papás, abuelos, tíos y maestros— debemos enseñar a cada niño a identificar sensaciones físicas de liviandad y quietud, tratando su calma como un “refugio” personal, un “cristal” para la claridad mental o un “timón” para el autocontrol emocional; y la segunda es que ayudar a los niños a reconocer su propia calma es crear un “Espacio de la Calma”, donde practicar juntos una respiración profunda, donde conectar físicamente con abrazos, masajes o caricias, y donde activar el cuerpo y los sentidos, para transitar de la tensión a la relajación.
De este modo, en la búsqueda de favorecer estados de equilibrio emocional y seguridad mental en los niños, expresados en sus cuerpos relajados y en sus mentes enfocadas, y recordando que nuestro propósito es preparar a los niños para la vida, lo más significativo que podemos dar a nuestros niños es empatizar con su proceso personal, pues, por ejemplo, cuando decimos a un niño: “Entiendo que tú estás molesto, podemos respirar juntos”, estamos enseñando que aquello que está experimentando es natural y es físicamente controlable.
Del mismo modo, es fundamental recordar que el acompañamiento sensorial a los niños para que reconozcan la calma que sienten hace posible que alcancemos logros significativos, entre los cuales podemos mencionar los siguientes:
A nivel emocional, aprenden a identificar sus emociones y desarrollan la capacidad de utilizar recursos, como el “Espacio de la Calma”, para recuperar el equilibrio por sí mismos.
A nivel afectivo, aprenden a validar sus estados emocionales y desarrollan una base de seguridad y confianza con los adultos.
Y, a nivel social, aprenden a resolver los conflictos de una manera pacífica y desarrollan la empatía hacia los otros.
Ahora bien, en respuesta a la pregunta ¿cómo ayudar a un niño a reconocer la calma que siente?, podemos decir que, al jugar y conversar con un niño sobre su calma, es oportuno tener en cuenta tres enfoques según su edad:
Enfoque de la sensación física: a los 3 años, los niños viven en su cuerpo, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas directas sobre sus ritmos biológicos: la quietud de sus músculos o la suavidad de su respiración, como por ejemplo: “¿Tus manos están blandas como una masa o están duras como una piedra?”
Enfoque de la simbolización: a los 4 años, con el despertar de la imaginación, los niños pueden representar lo que sienten mediante elementos de la naturaleza o texturas, la calma se vuelve una imagen que pueden describir, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas, como por ejemplo: “Si tu calma fuera un paisaje, ¿sería como una pluma liviana que flota en el aire o como un ladrillo pesado que cae hasta el piso?”
Enfoque de la intensidad y el espacio: a los 5 años, los niños comienzan a comprender que la calma tiene niveles y que ocupa un lugar en su interior, y un niño puede responder a reflexiones y preguntas, como por ejemplo: “Si la calma fuera una luz dentro de tu pecho, ¿está brillando suave como una vela en tu velador o está brillando fuerte como el sol en el cielo?”
En resumen, la forma en que un niño reconoce la calma que siente depende de cuánto nosotros, los adultos, papás, abuelos, tíos y maestros, nos conocemos y comprendemos su personalidad, sus necesidades y deseos, y su desarrollo cognitivo.
Y, como puente hacia nuestro próximo artículo: “¿Cómo ayudar a los niños a pensar en la calma que sienten?” podemos adelantar que poner nombre a las sensaciones de nuestros niños con preguntas como “¿Sientes olas?” o “¿Es una calma atenta?” facilita su pensamiento, su reflexión y su comunicación emocional.
Con cariño,
Lili Marlene
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